Belén.

Mayo 24, 2007

Hay personas que sin querer, y a veces hasta sin saberlo, marcan nuestras vidas de una manera única, especial y tan fuerte que hacen que esas marcas nos duren para siempre. Que permanezcan en el tiempo en forma de recuerdos, de actitudes, de nostalgia, de esperanzas, o en algunos casos de tristeza.

No una tristeza de alguien que guarda rencor, sino más bien una tristeza de alguien que extraña, que añora el “preterito imperfecto”. “Nosotros salíamos”, “nosotros hablabamos”, “nosotros nos reíamos”, “nosotros disfrutabamos”… nosotros eramos felices.

Al mismo tiempo que dejan esas marcas, esas personas son capaces de resaltar nuestros mayores defectos, nuestras virtudes, nuestros miedos, o nuestra valentía. Nos hacen aprender de las situaciones, conocernos más. Nos hacen descubrirnos un día arriesgando hasta lo que no creímos poder arriesgar, para volver a sentir que una de esas marcas sigue siendo tan real como era antes. Que no es sólo una marca, es un recuerdo del pasado que de a poco se transforma de nuevo en presente.

Sin embargo en la vida son muchos los que pasan y, queriendo o sin querer, nos dejan marcas, nos cambian, nos guían, nos ayudan o nos arruinan. Pero siempre hay una persona que te marca más fuerte, que te hace sentir tal y como te querías sentir, que te hace amar de la manera y en la cantidad que siempre soñaste amar, que borra todas las demás marcas para dejar la suya puesta fuerte en tu corazón.

Belén siempre fue un motivo de alegría, de buenos recuerdos. Una persona que sabe desde que me conoció hacer volar por adentro mío los sentimientos más profundos, un ejercito de mariposas que a la distancia recorre cada parte de mi cuerpo, tocando el alma y acariciando el corazón. Es la única que me hizo sentir realmente completo.

Belén fue la única que me hizo plantear el amor de una manera diferente, sentir el amor real. Sacarlo de las películas, de los libros, de las poesías, meterlo en mi corazón y sentirlo, vivirlo, que para eso está.

Cada vez que la veo, en parte por quererla y admirarla tanto, termino sin mostrarle completamente lo que soy. Termino anulandome a mi para pensar única y exclusivamente en ella. Termino sin poder mostrarle lo que la amo, lo que siento por ella. Sin mostrarle todo lo que daría, las cosas que dejaría por estar con ella.

Quiero decirle que no puedo (y no sé si quiero tampoco) olvidarme de ella. Decirle que es lo más hermoso que Dios hizo cruzar alguna vez por mi camino, decirle que el solo hecho de acordarme de su cara, de su mirada, de su tono de voz, puede cambiar los colores de mi panorama. Quiero decirle que la necesito, que (por más infantil que suene) la amo como nadie la amó, decirle que haría lo que sea necesario, viajaría hasta donde sea, perdería lo que sea, entregaría lo que sea por ella. Decirle que no me alcanza el corazón para extrañarla todo lo que la extraño, que no me alcanzan las lagrimas para llorar la distancia, que mi cabeza todavía no encontró la manera de dejar de pensar en ella. Quiero decirle que no me alcanzan ni la tinta, ni las palabras, ni el espacio para decirle todo lo que siento.

Quiero abrirle mi corazón, pero de golpe me mira a los ojos y se queda todo en blanco…

Es gracias a ese poder que tiene su mirada sobre mi, que hoy entre lágrimas y piel de gallina me quedo pensando cómo hubiera sido una vida con ella. Y veo pasar el tiempo, veo pasar la vida…

Veo que otro por el sólo hecho de que pudo decir lo que yo no pude, hoy en vez de lagrimas tiene alegría, en vez de un pasado que no llegó a presente, tiene un presente que puede que puede llegar a futuro. En vez de tener sólo la esperanza, tiene la certeza. Y en vez de la tristeza, tiene a Belén.

Leave a Reply